jueves 17 de diciembre de 2009

DÍA 18: PETRA parte II

Ese día madrugué tanto que cuando sonó el despertador, por primera vez en todo el viaje no sabía dónde estaba. Muy cansada, dormida y desorientada, me fui a desayunar y a las 7 nos llevaron hacia el centro de visitantes para visitar Petra. Solo teníamos hasta la una del mediodía, ya que a esa hora habíamos quedado con Patrícia para compartir un taxi de vuelta a Aqaba. Como me dolían un montón las piernas y en esa jornada queríamos visitar los enclaves que hay en lo alto de las montañas, pensé que podríamos coger un carro tirado por burros hasta el Tesoro y así al menos ahorrarnos los dos kilómetros de subida y otros dos de bajada. Pero hete aquí mi sorpresa cuando después de estar un rato "bromeando" con la persona que nos atendió en el centro de visitantes, me espetó que yo era joven y que usara las piernas porque el carro era para la gente mayor. Yo pensaba que me estaba tomando el pelo, pero no, lo decía muy en serio. En fin, que salí de allí tan cabreada que aunque los guías me ofrecieron bajar en caballo por 3 dinares, por cabezona no me dio la gana. O sea que mi cabezonería me hizo sumar 4 kilómetros extras a mis ya doloridas piernas.

Subiendo al lugar alto del sacrificio.
Y los peldaños de las escaleras no era nada regulares.

Llegamos al Tesoro y paramos para hacer unas fotos prácticamente solos. En la guía leímos que a las 11 le daba el sol, así que decidimos seguir para adelante y más tarde volver a verlo iluminado. Unos metros hacia la derecha empezaba la escalera que te lleva al altar de los sacrificios. El altar de los sacrificios era donde los nabateos sacrificaban animales a sus dioses y llegar allí no es fácil. Se tienen que subir unas escaleras con muuuuchos peldaños y escalones todos de un tamaño diferente. Cuando llegamos al obelisco me rendí y dije que no subía ningún escalón más, así que me senté y mi compañero siguió el camino. Mientras estaba allí sentada me dediqué a contemplar las vistas desde las alturas. Impresionante. Y también me entretuve jugando con un gatito que vino a refugiarse entre mis piernas cuando un niño beduino de unos dos años salió detrás de él con un palo y malas intenciones. Con el niño y el gatito me quedé un rato.

El obelisco...
...y las vistas desde arriba

Una vez estás en el lugar alto del sacrificio se puede seguir subiendo y bajando escaleras un buen rato más hasta llegar a la tumba del Jardín. Pero yo quería ver el Monasterio que estaba en la otra punta del recinto y, por miedo a que no nos diera tiempo, empezamos a bajar las escaleras. Obviamente, bajar las escaleras no me resultó tan difícil como subirlas, y mientras bajábamos me volví a encontrar con el chico beduino con el que había estado hablando el día anterior y nos saludamos efusivamente. Él iba subiendo con un grupo de turistas hacia el lugar alto del sacrificio. Me hizo mucha ilusión volver a verlo. Una vez abajo vimos que en una parte de las casas-cuevas habían unos figurantes vestidos de «nabateos» simulando el estilo de vida de aquel pueblo de la antigüedad. Parecía un poco Port Aventura, pero fue divertido de ver.

En Petra la roca tiene los mismos tonos que en el cañón coloreado.

A la hora indicada reandamos parte del camino para ver el Tesoro iluminado por los rayos del sol y la verdad es que es más chulo así. Le da como un aire de misterio a la construcción. Después de hacer fotos varias, volvimos a bajar en dirección al teatro romano y pasamos por la vía columnada que, como su nombre indica, es una calle con columnas a los lados. En ese punto recomiendo a todo el mundo que gire 180º y contemple el paisaje. Es muy bonito tener en el campo de visión la vía romana con las columnas y las casas nabateas construidas en las rocas al fondo.


Volvimos hacia atrás para ver el Tesoro iluminado por los rayos del sol.

Mientras íbamos hacía la escalera que conducía al Monasterio se nos acercó un beduino a ofrecernos un burro. A nosotros no nos acababa de convencer la idea, pero como casi ya no nos quedaba tiempo y yo ya no sentía las piernas, puse mi cara de «NO ME GUSTAN LOS ANIMALES, ME DAN MIEDO» y me puse a negociar. Al final, subir y bajar al Monasterio nos costó 10 dinares por persona. Montar en burro es una de las experiencias más alucinantes que he vivido hasta el momento. Como le dije a Mohammed que me daban miedo los burros, él fue guiando al animal durante un buen trozo hasta que, llegados a un punto, él se subió a su burro y fue tirando del mio. El animal se conoce el camino de memoria, pero igualmente impresiona ver cómo va subiendo las escaleras yendo montada encima de él y además teniendo un precipicio a tan solo unos centímetros de distancia. Yo solo rezaba para que el animal no tuviera un traspiés y acabáramos cayendo los dos para abajo.


Jordanos disfrazados como nabateos


Pero no, el animal es sabio y nos llevó hasta el Monasterio en muy poco tiempo, tal como Mohammed nos había prometido. Este beduino nos dijo que el último tramo de escaleras, que era muy corto, mejor lo subiéramos andando y mientras tanto él nos esperaría allí. Y, dicho y hecho, subimos andando. El Monasterio es otra tumba parecida al Tesoro y es conocido por este nombre porque los cristianos lo utilizaron como monasterio en tiempos antiguos.


Vía columnada


Después de visitar el Monasterio volvimos donde nos esperaba Mohammed. El hombre estaba con unos colegas o quizás parientes tomando un té en una de las varias paradas de manualidades beduinas. En esas que una de las mujeres se me acerca y me ofrece un té. El té estaba hirviendo pero el vaso estaba cochambroso y negro. Allí no hay agua corriente como para lavar los cacharros. Entoces tuve un dilema: le digo que no o acepto y no le hago un feo a la mujer. Y a esas alturas del viaje pensé: de perdidos al río. Y me bebí el té.


En burro hacia el Monasterio


Bajar las escaleras tortuosas es incluso más aterrador que subirlas. Para hacerlo tienes que echar el cuerpo hacia atrás mientras te agarras a las riendas del animal para no caerte. Durante un tramo que era muy complicado, Mohammed se bajó de su burro y cogió el mío para que no nos fuéramos barranco abajo. Pero el de mi compañero subía y bajaba sin que nadie le guiara. Había momentos en que la escalera era tan estrecha que los turistas que subían andando se tenían que pegar a la pared para que pudiéramos pasar. Como he dicho anteriormente, una experiencia total. Hay que probarlo.


El Monasterio...
...y su interior


Finalmente llegamos al pie de las escaleras, pagamos a Mohammed y mentalmente me empecé a preparar para los cuatro kilómetros de subida que nos esperaban en el camino de vuelta hasta salir del recinto. Entonces Mohammed nos propuso llevarnos al centro de visitantes por 10 dinares por persona. Yo le intenté negociar el precio, pero él me dijo que si nos llevaba él tenía que dejar de trabajar, así que aceptamos. De todas formas, yo a esas alturas que ya no me quedaban extremidades inferiores le hubiera pagado 100 euros si me los hubiera pedido, pero claro, eso no se lo dije.


Cuidadín con el precipicio


En fin, que ya con la charada del miedo a los animales acabada, le pedí si podía yo conducir a mi burro y me dijo que claro, que era un animal muy tranquilo. El animal empezó a andar y el camino que seguíamos se alejaba cada vez más de donde estaba el centro de visitantes. Yo no se por qué, no presentí ningún tipo de peligro, aunque si lo explicas así en seco uno se puede llegar a pensar que lo van a descuartizar y robar. Después de ir trotando por una carretera, Mohammed nos dijo que íbamos a su casa a dejar los burros y que luego nos bajaría con su coche hasta el centro de visitantes y que a la una estariamos allí, tal como habíamos quedado con Patricia.


Bajando del Monasterio


Y así fue. Después de dejar los burros apareció con un flamante 4x4. Se disculpó por no invitarnos a tomar té en su casa porque tenía que hacer unos recados y le dijimos que ningún problema. Al llegar al centro de visitantes nos despedimos de Mohammed (que tenía dos dientes de oro) y allí nos estaba esperando el hermano de Ibrahim para llevarnos al hotel. Él mismo sería el que nos llevaria a Patrícia y a nosotros a Aqaba.

En el trayecto a Aqaba, Patricia nos explicó que la noche anterior, como estaban todos los hoteles de Wadi Musa llenos, Ibrahim le había ofrecido pasar la noche en casa de sus padres. Patricia nos contó que su casa era "very comfy" y que Ibrahim era el hermano pequeño de 15 hermanos y que su padre tenía dos mujeres. El Islam lo permite, pero siempre y cuando el hombre pueda mantener bien a las dos familias. Y es que el padre había sido alcalde de Wadi Musa y tenía un cargo en el consejo de antigüedades. Patricia, que es de Seattle, trabaja como consultora medioambiental para gobiernos de todo el mundo y nos estuvo explicando los entresijos de su trabajo. Era una mujer muy divertida y campechana y nos dijo que teníamos las puertas de su casa en Seattle abiertas. ¡PREMIO!


Puesto típico de manualidades beduinas


Al llegar a la frontera con Israel nos despedimos de ella y fuimos a pasar la frontera. Como habíamos estado más de 24 horas en Jordania nos tocó pagar tasas de entrada. Tuvimos mala suerte porque el poli simpático de la entrada estaba de mala leche esa tarde y se acordaba de nosotros y nos dijo que teníamos que pagar. Pues nada, a comprar el sello de 5 dinares y una vez sellado el pasaporte entramos en Israel. Al llegar a la frontera de Israel me preguntaron si llevaba armas. Yo me quedé estupefacta porque no me esperaba para nada esa pregunta, pero rápidamente aclaré mi cerebro y respondí que no. El control de policía de entrada a Israel desde Jordanía fue mucho más exhaustivo que el que nos hicieron al entrar desde Egipto. Miraron las mochilas, les pasaron una especie de cepillo buscando no se qué, etc. Antes de salir de la frontera aprovechamos para cambiar moneda y así no tener que pagar el taxi en dólares. En breves minutos recorrimos los seis kilómetros que hay entre Jordania y Egipto.


Bajando con el burro


Y para salir de Israel, otra vez a pagar tasas de salida. ¡Menudo atraco! Entramos en Egipto y allí se nos acercó un chico y nos ayudó a rellenar el formulario de entrada. Le dijimos al polícia que teníamos el visado de reentrada, le dimos el formulario y entramos de nuevo en Egipto sin problemas. El chico que nos ayudó a rellenar el formulario nos ofreció un taxi y después de negociar el precio (150 L.E.) e ir a buscar el coche, nos dimos cuenta que era de una agencia y que iba a buscar a un conductor. En fin, que me mosqueó un poco porque prefiero pagar de más a taxistas de la zona que a agencias espabiladas. Subimos al taxi y al kilómetro se paró y nos dijo que todas las personas que vienen de Israel y se van en taxi tienen que pagar 75 L.E. cada una. Aunque hay un cartel enorme que lo pone, mi compañero dijo que él ya había negociado el precio del taxi y que no pagaba más. En fin, que el chófer llamó al de la agencia y nos hizo volver hacia atrás para aclarar el malentendido. Mientras ellos se discutían, me bajé del coche y me fui a la frontera para hablar con un polícia. Le pregunté si lo de las 75 L.E. era verdad y me contestó que sí, que lo tiene que pagar todo el mundo. Al menos ahora estaba segura de que no era una estratagema para sacarnos más dinero.

Por cierto, no era un burro sino un asno.

Volví adonde estaban ellos y al final pagamos los 150 L.E. del taxi, más los 75 L.E./persona del impuesto «revolucionario». Una hora más tarde llegamos al hotel destrozados y nos fuimos a descansar. Petra merece ser maravilla del mundo pero al menos se necesitan dos o tres días para verla y estar en buena forma física.

A tener en cuenta:
  • A una media hora de Petra y a una hora de Aqaba se encuentra el desierto de Wadi Rum. Si se tiene tiempo es recomendable contratar una excursión en el centro de visitantes y pasar allí medio día. Nosotros no teníamos tiempo así que no lo vimos. Otra excursión que se puede hacer estando en Jordania es ir a flotar al Mar Muerto.
  • Atención que la frontera de Jordanía cierra por la noche. La de Egipto y la de Israel operan las 24 horas, pero en Jordania no. Consultar horario aquí.

Datos de interés:
  • Burro al Monasterio: 10 dinares/persona (10 euros)
  • Burro del pie del Monasterio al centro de visitantes: 10 dinares/persona (10 euros)
  • Servicio traslado del hotel de Petra a Aqaba: 50 dinares (50 euros) Tasas salida de Jordania: 5 dinares (5 euros)
  • Taxi de Aqaba a Eliat: 56 shekels (10 euros)
  • Tasas salida de Israel: 94,5 shekels (17 euros)
  • Taxi de Taba a Nuweiba: 150 L.E.+propina (18,70 euros)
  • «Impuesto revolucionario» o tasas entrada a Egipto desde Israel: 75 L.E./persona (9,35 euros)


martes 15 de diciembre de 2009

DÍA 17: PETRA parte I

Ese día nos levantamos muy pronto porque teníamos por delante una jornada muy larga. Íbamos a Petra (Jordania) cruzando por carretera tres fronteras: Egipto, Israel y Jordania. No sabíamos cómo iba ir la cosa y, aunque teníamos el visado multientrada, al menos yo seguía con la duda de si realmente nos serviría de algo. El taxista no vino a la hora indicada, supuestamente por problemas con su coche y rápidamente el hotel mandó llamar a uno nuevo. Con eso salimos 45 minutos más tarde de lo previsto. Queríamos llegar pronto a las fronteras para evitarnos colas. De Tarabeen a Taba hay una hora por una carretera en la que ves como el tiempo se detuvo en la zona después del atentado en el hotel Hilton Taba del 2004. Hoteles y apartamentos a medio construir y gente que por culpa de los extremos se quedó sin medio de vida.

Entramos en Jordania.

Al llegar a la frontera de Egipto nos dicen que tenemos que comprar un sello que vale 2 libras (0,24 euros) para salir del país. Compramos los sellos y nos vamos a la ventana de salidas. Allí tenemos que rellenar un formulario y lo entregamos junto con el pasaporte. En la ventanilla leo un cartel que dice que los turistas que tengan planeado volver al país lo tienen que avisar (imagino que para que les den el visado multientrada, aunque leí en Internet que el que te dan allí no es del todo válido). Nosotros avisamos al oficial de que ya teníamos el visado de reentrada, se lo miró y nos puso el sello de salida.

Salimos a una carretera que nos llevaba directamente hacia la frontera con Israel, que está a unos 50 metros andando, y antes de salir de Egipto otro oficial nos pide el pasaporte. Se lo miró y nos preguntó algo que no entendí, entonces se puso a hablar por el walkie-talkie, nos escribió una cosa en el pasaporte y nos lo devolvió.

Mapa del recinto de Petra. ©Viajes National Geographic #115

Al llegar a Israel, una chica policía nos preguntó en perfecto inglés si había habido algún problema en Egipto con el pasaporte a lo que le contesté que no tenía ni idea. Nos miró el pasaporte y nos indicó que pasáramos a la oficina. Allí te miran el pasaporte, otra vez, y te preguntan por qué quieres entrar en Israel, si te vas a quedar, si es la primera vez, etc. Contestas tranquilamente, te ponen el sello de entrada al país y te dan un papel azul que hay que presentar a la salida del país. En la frontera de Israel los controles son más exhaustivos que en la de Egipto. Cuando finalmente salimos y entramos en Israel me miré el pasaporte para ver qué problema había habido y me fijé en que en el sello de salida de Egipto no habían cambiado la fecha y ponía la del día anterior. Si es que...

Entrando en el recinto.

Israel es como entrar en otro mundo. Justo al salir de la frontera había taxis esperando, se nos acercó una taxista y nos ofreció llevarnos. Le dijimos que no teníamos shekels y que teníamos que cambiar, pero ella nos dijo que nos llevaba a una oficina de cambio o que le podíamos pagar 20 dólares por la carrera. El precio me pareció caro, pero como en Israel los taxis llevan taxímetro, pensé que tenerla esperando nos iba a salir más caro, así que aceptamos. Nos llevó hasta la frontera mientras nos hacía un comentario turístico de los apenas seis kilómetros que separan Egipto de Jordania: el acuario, el centro comercial, el IMAX, hoteles de lujo, etc... Es como estar en EE.UU., lo que fue todo un impacto para nosotros. Nos adentramos en el Siq.

Al llegar a la frontera de Israel con Jordania nos dijeron que cambiáramos dinero, que entregáramos el papel azul que nos habían dado en la entrada y que pagáramos 94,5 shekels (17 euros) de tasas de salida del país. No veas esto de pasar fronteras, ¡te hacen pagar por todo! Con el tíquet que acreditaba que habíamos pagado las tasas nos fuimos a que nos pusieran el sello de salida y nos dispusimos a entrar a Jordania. La frontera de Jordania se parece más a la de Egipto, pero se ve que Jordania no es un país tan pobre; no es rico como Israel, pero no tan pobre como Egipto.

Los nabateos construyeton canalizaciones para llevar el agua por el Siq.

En la frontera de Jordania cambiamos moneda y nos dispusimos a entrar al país. Allí un oficial con ganas de hablar nos atendió y, al ver por el pasaporte que éramos de España, nos preguntó: «¿Barça?» y va y resulta que era del Barça. Después de la típica conversación futbolera (a los árabes les encanta el fútbol y creo que fueron a encontrarse con los únicos a los que el fútbol les importa un carajo) nos dijo que pasáramos a otra ventanilla. Allí el oficial nos preguntó que si éramos del Barça, le dijimos que sí y nos respondió que si éramos del Barça no nos dejaba entrar en el país (va y resulta que era del Madrid). Pues nada, nosotros le dijimos que no se preocupara, que si teníamos que ser del Madrid pues lo éramos.

Detalle de la canalización por dentro

Por fin, después de una hora cruzando fronteras llegamos a Jordania. En la salida de la frontera había varios taxis esperando. Fuimos a preguntarle a uno y nos dijo que 60 dinares. Todos estaban de acuerdo y no había manera de negociar, así que esperamos a ver si salía alguien más para compartirlo, pero al no ver nadie aceptamos y pagamos. De hecho la frontera está en medio de la nada y no hay otra manera de salir de allí.

El Siq

De Aqaba a Petra hay unas dos horas. Como he comentado, Jordania es un país más rico que Egipto y se nota por los coches, entre otras cosas. Antes de llegar a Wadi Musa (pueblo anexo a Petra), nuestro taxista paró y pudimos ver las montañas que rodean la zona de las ruinas desde lo lejos. Al llegar al pueblo nos preguntó si queríamos ir al hotel a dejar las mochilas, pero como no queríamos perder más tiempo, le dijimos que nos llevara directamente a Petra. ¡MENUDO ERROR! Con lo que se tiene que andar en Petra, ir con mochilas lo hace aún más pesado.

Estamos a punto de llegar al Tesoro.

A diferencia de Egipto, en Petra está todo muy bien organizado. Primero hay que ir al centro de visitantes donde se compran las entradas (1 día: 21 dinares; 2 días: 26 dinares; 3 días: 31 dinares) y también se puede contratar un servicio de transporte (caballo o carrito tirado por un burro). Del centro de visitantes a la entrada del Siq hay 800 metros y para hacer este trayecto se puede contratar un caballo que cuesta 7 dinares si lo contratas en el centro de visitantes y quizás menos si regateas con los guías. Otra opción es ir en carro tirado por burros que te lleva del centro de visitante al tesoro (2 Km) y cuesta 20 dinares. Como acabábamos de llegar, nosotros decidimos ir andando porque era cuesta abajo.

Y al fin, después de un buen rato andando, llegamos al Tesoro.

Al llegar al Siq, el paso estrecho que conduce a la ciudad de Petra, uno no puede hacer más que maravillarse de la naturaleza. El Siq no es un cañón, sino que se fue formando a través de diversos movimientos sísmicos. Vas caminando por su serpenteante camino como si estuvieras rodeado de los rascacielos de New York, todo el rato mirando hacia arriba durante más de un kilómetro hasta que al fin... llegas al Tesoro.

Petra se hizo famosa por aparecer en la película Indiana Jones y la última cruzada. En el film, en el interior del Tesoro había un centenario cruzado que custodiaba el Santo Grial. Hay muchas referencias a Indiana Jones en Petra y Wadi Musa. El Tesoro se llama así porque hace siglos se extendió un rumor que decía que los egipcios, al perseguir a Moisés, pararon allí y en ese lugar guardaron sus riquezas (yo alucino con los rumores). De hecho, la fachada helenística del Tesoro contiene la talla de una urna que está toda agujereada por balas, ya que más de uno intentó abrir la urna a base de balazos, porque creían que era allí donde estaba guardado «el tesoro». Obviamente, dentro de esta tumba de un antiguo rey nabateano no hay nada. Sólo un par de espacios enormes, perfectamente cúbicos y vacíos excavados con gran precisión en la roca. El «tesoro» es sin lugar a dudas de tipo arquitectónico, una muestra de la artesanía del pueblo nabateo que quita el hipo a todos los visitantes.

Delante del Tesoro nos sentamos a conteplar la piedra rosa tallada en la pared y a comernos el kebab que habíamos comprado en el pueblo antes de entrar. Después del Tesoro seguimos por el camino y vimos que a derecha y izquierda habian tumbas excavadas en la roca con gran paciencia y exactitud geométrica. Bajamos andando hasta llegar al teatro romano (también excavado en la roca). A partir del Tesoro hay dos medios de transporte más: el camello que va del Tesoro al teatro romano y el burro que te sube desde el teatro romano hasta el Monasterio, el lugar alto del sacrificio y las tumbas reales. Para subir a estos lugares hay que andar mucho y subir muchos peldaños tallados en la roca de forma irregular.

Los nabateos no se cansaban de excavar en la piedra.

Mientras mi compañero se ausentaba unos minutos para atender a una llamada urgente, me senté cerca del teatro romano para descansar un poco. Habíamos andado mucho, quizás unos cuatro kilómetros, y estaba muy cansada. En estas que se me acercó un chico beduino para ofrecerme un taxi (con tracción a cuatro patas). Le dije que no estaba interesada y a pesar del rechazo se sentó a mi lado y estuvimos hablando un rato. Me explicó que él todavía seguía viviendo en las cuevas de la zona, que hacía unos años se había construido un pueblo para los beduinos, pero que aun así quedan algunos viviendo en las cuevas. Me dijo que a veces iba al pueblo para asearse, pero que vivía allí. Le pregunté si en invierno no pasaba frío durmiendo en una cueva, pero me dijo que estaba acostumbrado. Mientras hablábamos, me preguntó si era francesa (un día hablaré más sobre ello, pero en el extranjero nadie se cree que soy de España). Le contesté que no, y él me dijo que mi inglés tenía a veces un poco de acento como francés. Le expliqué que era de Barcelona y que allí se hablaba otro idioma (catalán) y que era ligeramente parecido al francés. También me dijo que él no había estudiado inglés en una escuela, sino que lo había aprendido a base de ir hablando con turistas. La verdad es que lo hablaba muy bien y aluciné bastante con que sin haber ido a una escuela se expresara tan bien. Nos despedimos y se fue montaña arriba. Luego volvió mi compañero y nos fuimos a visitar las tumbas reales.

Souvenir típico de Petra

Para llegar a las tumbas reales hay que subir bastantes peldaños y acabas bastante hecho polvo. Por el camino te encuentras con beduinos que tienen paradas de artesanía. Una cosa que se tiene que decir de los beduinos de Petra es que son súper abiertos y divertidos. Cuando te ofrecen un camello o burro te ofrecen un taxi con aire acondicionado y cuando te quieren vender botellas de arena con dibujos te dicen que es el precio de la hora, que más tarde será más caro.

Como llevábamos unas cuantas horas caminando y subiendo escaleras con las mochilas, decidimos ir para el hotel a refrescarnos, cenar y volver a ver el espectáculo nocturno. Pero nos quedaba lo peor: LA SUBIDA. Todo lo que habíamos recorrido hasta el momento era cuesta abajo y para volver al centro de visitantes teníamos que hacer unos tres kilómetros con una ligera inclinación. Fuimos subiendo por el Siq mientras esquivábamos los carros tirados por burros que subían a toda pastilla. Una vez llegamos al centro de visitantes, totalmente destrozados, llamamos a Ibrahim, que era el propietario de nuestro hotel y con el que habíamos acordado que le llamaríamos para que nos viniera a buscar una vez acabada la visita.

Las tumbas reales

Wadi Musa es una población situada en una montaña, y realmente no tiene muchos hoteles. De hecho, se tiene que reservar con antelación porque es fácil no encontrar alojamiento. El hotel que está más cerca de Petra es el Movënpick, que está justo en frente del centro de visitantes, pero este costaba 400 euros por noche, así que buscamos algo más económico. Al final nos decantamos por el Hotel Valley Stars Inn que es un tres estrellas bastante decente que salía por 70 euros/noche habitación doble con desayuno incluido.

Dicho y hecho, a los 10 minutos de llamar a Ibrahim nos vino a buscar. Tengo que reconocer que cuando llegó aluciné bastante. Era un chico de unos 28 años, iba vestido a la última y conducía un New beattle. En el hotel conocimos a Patricia, una estadounidense que estaba de viaje por oriente medio y próximo por placer y negocios. Era de Seattle y llevaba dos meses viajando. Había empezado su viaje en Pakistán para ir a la boda de su sobrina en una aldea remota del norte (!). Nos contó que esa noche iba a ir a ver el espectáculo nocturno y acordamos ir juntos. Estábamos medio acabando de cenar cuando vimos que ya se iban a ver el espectáculo, así que engullimos la comida y salimos con ellos, aunque sorprendidos porque todavía quedaba más de una hora. Y cuando volvimos al centro de visitantes, caímos en la cuenta de que en Jordania es una hora más que en Egipto. Por poco nos perdemos el espectáculo.

Roca excavada y su interior

El Petra by night es un espectáculo nocturno que todo el mundo me había recomendado. Como toda la zona arqueológica de Petra no tiene luz eléctrica, iluminan todo el descenso hasta el Tesoro con lamparitas de papel y velas. En la entrada te piden que apagues el móvil, que dejes las fotos para el final, que estés en silencio y que camines en fila india para no romper con la magia del entorno. Patricia y nosotros decidimos esperar a que pasara toda la multitud y así bajar nosotros solos con la calma. Mientras esperábamos que los rezagados fueran pasando, Patricia sin querer empezó a caminar marcha atrás para ver cuánta gente quedaba atrás y en esas que vi casi en cámara lenta cómo iba a pisar una de las lamparillas de papel. Intenté avisarla sin hacer ruido, pero fue demasiado tarde. Pisó la lámpara y ésta prendió fuego. Para intentar apagarlo rápidamente y que no se montara un «pollo», estúpidamente me puse a soplar el papel para apagar el fuego, pero lógicamente así solo conseguí avivarlo más y casi quemarme el pelo. Nada, que al final salimos huyendo del escenario del crimen pies para que os quiero y aguantándonos todos como podíamos la risa nerviosa, porque en ese momento me hubiera reído a carcajada limpia de lo estúpido de la situación.


A pesar del percance, conseguimos quedarnos los últimos y fuimos paseando tranquilamente mientras disfrutábamos de las estrellas, del silencio y de la luz de las velas sobre las rocas. Cuando finalmente llegamos al Tesoro, el espectáculo que ofrecen allí estaba casi terminando. Al llegar tienes que sentarte en unas esterillas que hay en el suelo, te sirven un té y hacen una actuación de música tradicional. El marco es increíble y mágico.

Petra by night ©Juan Luís Polo.

Dos cosas negativas a destacar del momento:

  1. Un señor a quien en medio de la actuación y del silencio mágico le sonó el móvil y no solo no lo apagó de inmediato, sino que se puso a hablar durante cinco minutos. Si llega a estar a mi lado le doy una colleja, pero por desgracia estaba a unos 20 metros.
  2. Mientras del Tesoro salía un flautista tocando una melodía hipnotizante, se levantó un espectador, se puso delante del músico y le tiró una foto con flash a la cara que casi lo deja ciego. También era para darle una colleja por la falta de educación y consideración

Cuando acabó el espectáculo empezó lo peor: volver a subir los dos kilómetros cuesta arriba hasta el centro de visitantes. Luego nos llevaron al hotel en coche y nos fuimos a la cama rápido ya que al día siguiente queríamos estar a primera hora de la mañana en Petra para poder explorarla con el mínimo de gente posible.

A tener en cuenta:

  • Samer Aly, el propietario del Hotel Nakhil Inn, nos explicó que él era arquitecto y trabajaba diseñando espacios para hoteles como el Hilton, entre otros. Su sueño era crear un hotel acogedor en que los huéspedes se sintieran como en casa y así fue como construyó el hotel. Una vez finalizado no tenía intención de llevar él la gerencia, pero todo el mundo le decía que si él no estaba no era los mismo, así que fue aparcando su trabajo como arquitecto y combinó su pasión por el mar con la gestión del hotel. Fueron un par de años muy buenos hasta que ocurrió el atentado en el hotel Hilton de Taba. Nos explicó que el turismo de repente desapareció y muchos hoteles y restaurantes tuvieron que cerrar. Él, en lugar de cerrar decidió mantener el negocio y sus empleados pasaron a vivir en el hotel mientras la cosa remontaba. Ahora, después de 4 años, parece ser que el turismo en la zona se está reactivando, Samer nos dijo: "Hemos pasado unos años muy duros y ahora, después de mucho trabajo en Internet, parece ser que empezamos a salir del túnel".
  • ¿Por qué cruzamos las fronteras por carretera? Nos decantamos por esta opción porque era la única que nos permitía llegar a Petra por la mañana y estar allí dos días. Con el ferry y el avión no era posible por los horarios, y por eso decidimos cruzar fronteras. En realidad no ahorras mucho dinero al hacerlo así, pero sí que te deja organizarte mejor tu tiempo.
  • Petra by night se celebra todos los lunes, miércoles y jueves a las 20.30 horas y dura unas dos horas. La entrada se puede comprar en el centro de visitantes por 12 dinares, aunque nosotros la compramos en el hotel por el mismo precio.

Datos de interés:

  • Taxi de Tarabeen a la frontera de Taba: 150 L.E.+propinas (18,50 euros)
  • Tasas frontera Egipto: 2 L.E.(0,24 euros)
  • Taxi de frontera a frontera de Israel: 20 dólares (14 euros)
  • Tasas salida de Israel: 94,5 shekels (17 euros)
  • Taxi de la frontera de Aqaba a Petra: 60 dinares (60 euros)
  • Entrada a Petra de dos días: 26 dinares (26 euros)
  • 2 kebabs y una Coca-Cola: 5 dinares (5 euros)
  • Botella de agua en Petra: 1 dinar (1 euro)
  • Hotel Valley Stars Inn. noche en habitación doble con desayuno 70 dinares (70 euros)
  • Cena buffet en el hotel: 7 dinares (7 euros)
  • Entrada Petra by night: 12 dinares (12 euros)

Reconocimientos:
Como todavía no se me da bien hacer fotos nocturnas, no fui capaz de hacer ninguna foto en condiciones del espectáculo. Quería agradecer públicamente a Juan Luís Polo por dejarme usar una de sus fantásticas fotos de Petra by night para poder ilustrar esta entrada.

domingo 6 de diciembre de 2009

DÍA 16: COLORED CANYON & SNORKEL

Como el día anterior no habíamos hecho la subida al Monte Sinaí, Mohamed, uno de los empleados del hotel, nos recomendó hacer una excursión al cañón coloreado. Este cañón está situado a poco más de una hora de Nuweiba y, por tanto, se puede hacer la excursión en una mañana. Samer Aly, el propietario, nos comentó que él prefería el Rainbow Canyon, pero como está más lejos, es necesario hacer una excursión de un día entero. Al día siguiente íbamos a Petra, así que queríamos descansar un poco y por eso contratamos la excursión con el hotel.

Descenciendo por el cañón...

En la zona apenas hay competencia, por lo que el precio era un poco caro (450 L.E./55 euros). Sin embargo, cuando nos dijeron que tanto el conductor como el guía eran beduinos ya no me sentó tan mal, porque el pueblo beduino de Egipto está bastante discriminado por las agencias que operan en el país, y hoy en día esta comunidad tan milenaria ha quedado reducida a casi la caricatura al tener que sobrevivir del poco turismo que contrata localmente las excursiones.

las rocas empezaron a adquirir nuevas tonalidades...

A las ocho fuimos a desayunar. El hotel servía un desayuno bufet bastante completo de 8 a 12 del mediodía. A las 8.30 nos vinieron a buscar y nos fuimos en un 4x4. Recorrimos una carretera asfaltada durante una hora, pero luego seguimos una media hora más off-road dando saltos por los asientos del todoterreno. Finalmente llegamos a una zona elevada desde la que podía verse un paisaje montañoso impresionante. Raaji, un chico beduino de 16 años, era nuestro guía y bajamos la montaña con él hacia el cañón. Una vez abajo, Raaji descubrió entre las piedras a un lagarto camuflado. Allí nos paramos a hacerle algunas fotos desde lejos hasta que nos vio y se piró.

tuvimos que abrirnos paso entre las rocas...

Anduvimos por una garganta serpenteante y muy blanca. En un punto del camino nos encontramos con que una roca había caído y había dejado una pequeña abertura debajo por la que teníamos que descender unos dos metros para seguir la senda.

Aunque a lo lejos se divisaban otros grupos pequeños, la verdad es que estuvimos casi todo el rato solos por allí y eso hacía que se pudiera disfrutar del paraje y de su silencio. Cuando llevábamos caminando una media hora, llegamos a la parte por la que el cañón recibe su nombre. Allí las piedras adquieren tonalidades amarillas, blancas, rojas y marrones haciendo dibujos realmente bellos. En medio de la nada, nos encontramos con un puesto en el que te podías sentar a descansar y tomar un té. Paramos un rato y nos adelantó una pareja italiana que hacía el recorrido con una gran agencia. La chica cantaba como una almeja allí, era como si la Barbie exploradora se hubiera perdido: rubia de bote, moreno de UVA, ojos y labios pintados, pechos de silicona con una camiseta negra de tirantes súper ajustada y unos tejanos rosa estridente cortados por medio culo (sí, se le veía medio culo). Realmente hay gente que o bien va disfrazada por la vida o es que realmente no tiene el sentido de saber vestir con propiedad.

Mientras, los animales camuflados nos observaban...

Después de caminar casi dos horas, volvimos hacia donde estaba el coche. La subida no fue fácil: hacía calor y el sol picaba mucho. Al llegar de nuevo arriba, nos sentamos en un pequeño bar y mientras nos tomábamos un refresco fresquito en la sombra, disfrutamos de las vistas. Es extraña la belleza del desierto, algo tan inerte e inhóspito y a la vez tan bello, despierta en mí un sentimiento que aún ahora es difícil de explicar.

La altura de la pared de piedra era impresionante.

Al volver al hotel, Samer salió a recibirnos y estuvimos comentando con él cómo nos había ido la excursión. Nos dijo que a las 3 iba a ir a hacer snorkel en el arrecife que hay delante del hotel y nos propuso acompañarlo. Le dijimos que sí un poco por compromiso, porque en realidad no me apetecía mucho. Igualmente fuimos a la habitación para ponernos el bañador y darnos un baño antes de comer y al entrar vimos por primera vez lo de las toallas dobladas encima de la cama con forma de animales. Aunque personalmente me parece un poco cutre, ya me había empezado a creer que eso era una leyenda urbana. ¡Pero no!

Y finalmente supimos porque el cañón tenía ese nombre.

Después de comer unos espaguetis en la tumbona del hotel (sí, ni nos levantamos de ella) me di cuenta de que por primera vez en mi vida estaba haciendo turismo de playa. Por un lado se me hizo extraño, y es que a pesar de vivir a tan solo 15 minutos de la playa apenas voy más de cuatro veces al año. En fin, que mientras estaba haciendo goro-goro en la tumbona vino Samer a buscarnos para hacer snorkel, y casi después de comer mis ganas eran nulas, pero ante la insistencia de Samer y no haberlo hecho nunca antes, decidí ponerme las lentillas y darle una oportunidad al tema. Después de todo, ese estaba siendo un día de primeras veces.

Es curioso los colores que adquiere la piedra.

En el hotel tienen todo lo necesario para hacer snorkel gratuitamente. El material estaba bastante usado, pero fue de agradecer que no cobraran por él. Samer nos indicó que teníamos que seguir una cuerda unida a una boya para no pasar por encima del arrecife. El que hay en Tarabeen está a tan poca profundidad que no se puede nadar por encima para que no se deteriore (en serio, está a unos 70 centímetros de la superficie), de hecho no me sorprendería que en unos pocos años ya no quede nada.


Un par de colores del Sinaí

Tengo que reconocer que realmente hacer snorkel fue una pasada. Al principio tenía la sensación de estar dentro de un documental de la 2, pero después de un rato me di cuenta que era como estar dentro de Ponyo en el acantilado. Los colores de la vegetación y de los peces eran como los de una película de Hayao Miyazaki. Además, fue todo un honor que Samer me cogiera de la mano y me fuera guiando y enseñando todas las maravillas del arrecife. Vimos erizos de mar (me daba pánico que en un momento de torpeza pudiera pisar en mal sitio), corales, Nemos, peces venenosos como este y hasta un pez palo. ¡Lástima que no llevara una cámara de fotos acuática!

Y después de subir nos sentamos a disfrutar del paisaje un rato.

Al volver al hotel nos fuimos a dar una ducha y al salir vimos que Samer estaba jugando a palas con un chico inglés, Assif (de padres indios), su mujer, Emily, estaba sentada y me uní a ella. Eran de Londres y habían viajado por medio mundo. Estaban de luna de miel y también estaban viajando por su cuenta. Nos dijeron que se iban a cenar a un restaurante que había a unos 5 minutos andando y nos ofrecieron ir con ellos. Minetras cenábamos estuvimos hablando sobre viajes, Barcelona y Londres. Emily tenía una amiga en Barcelona y había estado en la ciudad unas veinte veces. Hablamos de cosas que yo no había visto nunca en Barcelona (como el museo Picasso y el museo Miró) y cosas de Londres que ellos nunca habían visitado (como el Shakespeare's Globe). Además le comentamos que habíamos estado en los Cotswolds y Emily nos dijo que ella era de allí y sorprendentemente nunca había visitado el Blenheim Palace y me sentí realmente extraña recomendándole encarecidamente que fuera a verlo.

Yo ya me pensaba que lo de las figuritas con las toallas era una leyenda urbana.

Al acabar de cenar volvimos pronto al hotel porque nosotros al día siguiente teníamos que madrugar mucho para ir a Petra. Ellos iban al día siguiente con el ferry que sale de Nuweiba a Aqaba. Les deseamos suerte con el ferry (famoso por sus retrasos) y nos fuimos a dormir. Después de casi arrancarme el ojo para sacarme la lentilla, me fui a dormir mientras veía peces de colores con los ojos cerrados.

Hotel Nakhil Inn en Tarabeen (Nuweiba)

¡Al agua patos!

Datos de interés:
  • Excursión al cañón coloreado (de 8.30 a 12.30h): 450 L.E.(55 euros)+propinas
  • Plato de pasta en el hotel Nakhil Inn: 25 L.E.(3,10 euros)


A falta de fotos acuáticas os pongo el trailer de Ponyo, sobre todo quedaros con los
primeros segundos del tráiler para entender la referencia a la película.


Reconocimientos:
Quería dar las gracias públicamente a Joan Puerto por hacer que mis fotos de este día y de Petra parezcan mucho mejores de lo que son. ¡Gracias por tu paciencia infinita, por mucho que te esfuerces nunca seré capaz de hacer fotos como Dios manda!